lunes, 28 de marzo de 2016

Hasta Siempre, Londres

Llegó el momento, el momento de decir adiós. Adiós a la vida en Londres y todo lo que ello supone.

No sabría decir cuál es la sensación que predomina dentro de mi; a veces es tristeza, el miedo también hace su aparición estelar entre la alegría causada por la sed de novedad en mi vida actual. Por tanto, para situarlas todas y situarme yo, voy a intentar desgranar el huracán que llevo dentro...

Para comenzar, me gustaría decir a todos aquellos que aún no lo sabéis (que sois la gran mayoría) que vuelvo a la tierra prometida. Sí, cuatro años y medio después se acabó el exilio voluntario y por qué no, me voy por la puerta grande. No abandono (eso nunca), sino que el deber me llama...
Así como el que no quiere la cosa, el pasado 1 de marzo (me encanta empezar cosas a la par que el calendario) me informaron de que soy beneficiaria de una beca para trabajar en una empresa de marketing, e-commerce y social media. Hasta ahí todo bien, sino fuera porque entré en pánico; y fue precisamente cuando apareció la primera de las sensaciones que marcarían mi agenda de las últimas semanas.

PÁNICO
Los que estáis allí y no habéis pasado por un exilio voluntario os preguntaréis por qué, y los que lo habéis vivido quizás no tanto. Retomando la cuestión que nos ocupa, he de decir que la noticia me sentó como un chupito de tequila, mal tirando a fatal. "¿Ya?", "¿Así?, ¿sin preliminares?". Eso es todo lo que mi mente podía llegar a pensar en aquel momento y los días sucesivos.
Había llegado el momento, ese momento que tantas lágrimas me había costado cuando les llegaba a mis amigos, y ahora era mío, sólo mío porque la mayoría de ellos ni siquiera estaban aquí para vivirlo conmigo. Ahí, con un brusco golpe, pasé a la tristeza.

TRISTEZA
La sensación de cerrar una etapa, la nostalgia que se alimenta de recuerdos, de risas, de abrazos y de "te quieros". Ese miedo a que algo se acabe y con el que yo me llevo extremadamente mal. Decir adiós a Londres supone despedirme de todos los ratos buenos que he tenido aquí y, sinceramente, visto desde la distancia son los únicos que pienso llevarme en la mochila, porque los malos sólo han sido anécdotas que a día de hoy las puedo relatar de forma cómica con ciertos tintes de ironía.
Cuando pienso en los "inside", en los 24/7 con Mi Pauli, los long weekends con las brujas de Kensington, las charlas filosoficas-sexuales con Miriam, los aterrizajes a la realidad más clara con Marina y las noches que se convierten en tardes del día después en Shepherds Bush; lo pienso en pasado porque ya no existen. Los protagonistas ya no están aquí o, por el contrario, siguen pero las circunstancias han cambiado y las situaciones actuales no pueden pretender ser calcos del pasado; por lo tanto, las sonrisas comenzaron a dibujarse en mi cara.

ALEGRÍA
"¿Tú te has dado cuenta de que te está pasando algo bueno?" Pues sí, fue justo ahí cuándo me di cuenta que ya no tenía mucho que hacer por estos lares. Os engañaría si os dijera que no me quería ir, pero los que me conocen saben que no voy corriendo a los sitios y no quería estrenarme en esta ocasión... Pero, si algo he aprendido en estos años es a vivir a toda velocidad, dentro de mi calma natural, por supuesto. Así que pensé, ya que estamos en el baile, bailemos.
Cuatro años en cuatro cajas y una maleta, no era para tanto, ¿no?

VELOCIDAD
La cosa es que tú miras el calendario y la fecha no parece tan cerca, total, desde el 1 de marzo al 1 de mayo van dos meses. Hasta ahí, todo bien. Pero si de vez en cuando los impulsos son el motor de tu vida cotidiana es muy probable que te esperen sorpresas de última hora... Así que los dos meses, finalmente, se quedan reducidos a ya mismo. Te lías la manta a la cabeza y te compras un vuelo para diez días después; y como ya he dicho, ya puestos a bailar, vamos a darlo todo.


Dicho esto, queridos, queridas, queridos todos, me dispongo a cerrar este blog

Decir que todo hubiera sido diferente y una "valiente mierda" si no hubiera conocido a Juanlu nada más aterrizar porque, probablemente sin ese detalle no hubiera pasado por mi vida More y sin él no hubiera habido calma en el torbellino del inicio y no habría aparecido María, otro remanso de paz. Seguramente, Riki y yo no habríamos cruzado caminos, y me hubiera perdido al Padrino, y con ello un porcentaje muy alto de lo que es MI Londres. Sin él no sabría nada de Carlota y de la inocencia pícara y sin maldad, que no consigo visualizar sin el carácter imponente del inicio y dulce y cercano del final que define a Carla.
Yo me quedo con las miles de risas semanales con Cri y las cientos de ellas concentradas en la grabación con Pitu y Rocío, las bajadas de tensión mañaneras, y las cervezas de medio día por Shepherds Bush. También con los cierres en Dollis Hill, las conversaciones políticas y sátiras con Ignacio y los abrazos de Jose; y tampoco puedo evitar reírme de mi sonrisa cuando me vienen a la mente las salidas de Bruno. Las sesiones radio-patio de White City con Marina y las re-sesiones para Anita, no todos fueron expulsados de Nunca Jamás. Todo esto acompañado de la magia de Daniel a la guitarra, un lujo, al gusto del consumidor, otro imprescindible para que yo llegara hasta Andrea, el consejo que está cuando lo necesito.
Otro de mis consejos imprescindibles y conversaciones necesarias es Miriam, el gusto de compartir habitación y llegar a echar de menos vivir con alguien en escasos metros cuadrados.
Lo mire por dónde lo mire, Londres no hubiera sido lo mismo sin Paula, y qué decir de ella, nunca me había sentido tan bien con una amiga. ¡Qué genial! Hablar sin palabras y reír, sin parar; y llorar, sólo cuando procede, pero sin vergüenza. El tiempo puso otra piedra imprescindible en el camino, Sarai. No es que no imagine el último año sin ella, es que no hubiera sido posible o nunca hubiera tenido algo bonito. se despista, no nos vamos a engañar, pero es capaz de sacarte sonrisas y hacerte sentir mucho mejor, y ella sabe bien de lo que hablo porque ha sido mi compañera de viaje en los momentos más turbulentos.
Esta ciudad también me ha dado reencuentros bonitos, simplemente geniales. El primero vino de la mano de Carmen, por primera vez alguien de mi entorno pre-Londres llegó, y la sensación fue fantástica, corta pero intensa. Y luego llegó Anuka con uno de mis mejores descubrimientos aquí, Cesar. Se suponía que yo le tendría que echar una mano en su primeros pasos aquí pero la mano me la echó ella a mí. Y precisamente así es como se fraguó mi última etapa en Londres, la podemos llamar "la noria". Ha resultado corta, pero intensa y con tanto vaivén me guardo lo que buenamente puedo en la mochila, y entre esas cosas no me quiero olvidar de los planes de dominación mundial de Diego y Paula ;) las birras y risas improvisadas con Aitor (nota mental: siempre lo que se improvisa sale bien), y los ratitos sinceros con Óscar.

Ahora si que si, nos vemos en los bares.