sábado, 2 de agosto de 2014

Y a quién le voy a contar mis penas...



Cierto como la vida misma… hace más de un año que no tecleo para dar vida a éste, mi blog. Es más que evidente que no soy constante, y queridos amigos/amigas eso no es bueno, para ser exactos, es desastroso.  Durante mucho tiempo no he sabido sobre qué escribir, llamémoslo falta de motivación o lo que quiera que sea; pero lo cierto es que desde hace un par de meses tengo algo pendiente, no es un tema cualquiera, sino que se trata de una promesa, de algo que realmente quiero hacer y no he hecho porque no me he visto con la fuerza suficiente como para darle forma a golpe de teclado…
El tema en cuestión tiene varios protagonistas, más de los que me gustaría… Todos ellos guardan una característica común: han dejado Londres para volver a la `Tierra prometida´ (para algunos) o el `Desbarajuste de país´ que es España (para otros muchos). Volviendo al tema en cuestión; hace unos meses saltó la alarma de que el primer miembro de la familia londinense abandonaba en el barco, ese fue Cri. Aunque era consciente de que tarde o temprano esto sucedería, la verdad es que el disgusto inicial no te lo quita nadie, y en ese momento sólo quieres regalarle la mejor despedida, el detalle definitivo que edulcore el cierre de una etapa, no sólo para el que se va, también para los que se quedan. Lo cierto es que creo que entre todos lo logramos plasmando un poco de cada uno de nosotros en apenas 20 minutos audiovisuales (tengo que decir que fue un regalo para Cri, pero al mismo tiempo para todos nosotros).

Antes de ser consciente de que no era una broma eso de que la gente viene y se va llegó el segundo aviso: RICKY!!! No sé si por azar o de forma premeditada, pero fui de las últimas personas en enterarme de que el ´Patriarca´, el `Padrino´ dejaba a la prole en la ciudad de la niebla para seguir el camino que llevaba buscando desde hacía casi tres años. Sin casi tiempo de reacción y bajo la estricta orden de no organizar despedidas pomposas decidí hacer mi propio homenaje con una entrada en mi blog (dicho sea de paso que los únicos lectores incondicionales que tengo son Ricky y mi madre). Desde que tomé la decisión de escribir unas palabras hasta el día de hoy han pasado, al menos, tres meses, pero lo cierto es que he evitado hacerlo a toda costa porque aunque no lo parezca soy muy sentida y algo me decía que todo lo que suponía la ´Family London´ se estaba desmoronando sin poder ponerle parches. Hoy sigo pensando lo mismo, pero quizás estoy asimilando que no es nada malo porque todos los que, poquito a poco, se vuelven lo hacen para perseguir un sueño o simplemente para aceptar condiciones mucho mejores que les van abriendo el camino que quieren seguir.
En teoría suena muy idílico (probablemente lo sea, sólo depende del prisma desde el que se mire), pero creo que no va a ser el mejor invierno de mi vida… Hace un tiempo vi una serie ambientada en un hospital infantil en el que seis niños con diferentes enfermedades creaban un grupo de amigos que coloreaba cada uno de los días de ingreso que todos ellos pasaban en aquel lugar. Decían que todo grupo tiene que tener un líder y un segundo líder (para cuando falte el líder), un listo, un guapo, un imprescindible y una chica. En cuestión de segundos mi mente hizo un símil con mi primer año en Londres y me puse a pensar en los roles. Creía tener bastante claro que Ricky siempre había jugado el papel de líder por el simple hecho de convocarnos y organizar jaranas prácticamente todas las semanas, pero ahora mismo me doy cuenta de que había estado equivocada, y Ricky, no era el líder, era el IMPRESCINDIBLE.
Tan solo me hicieron falta dos semanas desde que el susodicho en cuestión cambiara a la Reina Madre por la Virgen del Pilar para darme cuenta que todo había cambiado en menos días que los centímetros que dan altura a la Virgen mañica. Volvimos a quedar, eso que nosotros llamamos `inside´, pero faltaba ruido, ese ruido que proporciona ambiente, en definitiva, ese ruido que nos gusta cuando estamos juntos y que no suena desordenado, todo  lo contrario, suena a música y sabe a sonrisa. Sé que no soy la única que piensa de esta manera porque en la primera reunión DR (Después de Ricky) la guitarra de Daniel (otro grande) dejó de sonar.

Ahora bien, dicen que no hay dos sin tres, y por supuesto llegó el tercero (la tercera para ser exactos): Carlota. Qué voy a decir de ella… es dulce, muy dulce. No entendería a Carlota sin Ricky (y probablemente tampoco la hubiera conocido), pero es de las sorpresas más grandes que me he encontrado por estos lares. También fue una sorpresa la noticia de que Carlota se iba antes de lo esperado, y para ser sinceros no fue la que más me sorprendió, pero si es una de las ausencias que, de forma discreta, más se nota. Como ya he dicho (o al menos desde mi percepción), Carlota es discreta y no porque no impacte a primera vista, sobre todo desde la perspectiva masculina, sino porque transmite inocencia. Con esto no quiero decir que no tenga picardía (que la tiene), pero de forma más sutil que el resto. A veces no te paras a pensar en algunas ausencias, pero cuando faltan te llevas las manos a la cabeza y precisamente ese sería este caso. En el fondo me siento un poco mal por no poder expresar con tanta exactitud lo que supone su marcha, pero estaría faltando a la verdad si me proclamara conocedora de ella 100%, también sería injusto porque ese puesto tiene dueño y es Carla (de la que tengo que decir que me deja muy tranquila porque, hasta el momento, es la que más signos muestra de ser la última en abandonar el barco).

Hasta ahora hemos cumplido religiosamente el cupo que manda el refrán, pero “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

“Hippie me ha llegado la hora”; así empieza el cuarto y espero que último capítulo (por el momento) de lo que éramos y ya no somos. 9 de Julio a las 10:56am. Así, como es More, correcto; de buena mañana, tal y como se deben dar las noticias importantes. Tengo que reconocer que no quise hacer caso a este mensaje en clave del cual conocía a la perfección su significado. Demasiado en muy poco tiempo.
Alguien (con experiencias en supervivencia en Londres) me dijo que cuando el tercer año se aproximaba todo cambiaba y te venía una crisis existencial digna de estudiar porque tu entorno cambiaba por las idas y venidas de la gente. Yo, en mi burbuja de principiante, la escuche pero no interioricé el mensaje. El tiempo le dio la razón. Exactamente a las 11:15am mi respuesta llegó: “No sé si estoy preparada para escuchar esto”…
Último varapalo, y qué decir de éste… Que se fue la coherencia y la tranquilidad, esa que se transformaba en jarana debajo de un gorro de paja. Con la ausencia de More se abrió la veda de las ausencias irreparables, se abrió la puerta a la nostalgia (de nuevo) y se cerró el capítulo de las noches sin rastro de día con los niños, `mis niños´. Mañana dejó de ser un sueño para convertirse en la realidad que había buscado tanto tiempo y al mismo tiempo (y de forma egoísta) me di cuenta (que no asimilado) que esta etapa se había acabado.
Probablemente todo lo que he escrito suene catastrofista, pero para todos aquellos que por cuestiones de vivencias y distancia no compartís mi prisma, sólo deciros que desde aquí todo se vive de una forma más intensa si cabe. Que los amigos cruzan el límite entre lo filial y la amistad y que el hecho de que uno de ellos se marche supone un adiós, un adiós que sabes que nunca más volverá a ser el “Hasta luego” de los Domingos y que jamás irá cargado del “Qué pasa?” de los Viernes.

A los que os habéis ido deciros que “Todo vuelve si fue cierto” (como decía Amaparo de Amparanoia con Che Sudaka) y que GRACIAS.
Y a los que quedáis que GRACIAS también, y que en mi teclado no hay un punto final.

¡Nos vemos en los bares!