Cierto como la vida misma… hace
más de un año que no tecleo para dar vida a éste, mi blog. Es más que evidente
que no soy constante, y queridos amigos/amigas eso no es bueno, para ser
exactos, es desastroso. Durante mucho
tiempo no he sabido sobre qué escribir, llamémoslo falta de motivación o lo que
quiera que sea; pero lo cierto es que desde hace un par de meses tengo algo
pendiente, no es un tema cualquiera, sino que se trata de una promesa, de algo
que realmente quiero hacer y no he hecho porque no me he visto con la fuerza
suficiente como para darle forma a golpe de teclado…
Antes de ser consciente de que no
era una broma eso de que la gente viene y se va llegó el segundo aviso: RICKY!!!
No sé si por azar o de forma premeditada, pero fui de las últimas personas en
enterarme de que el ´Patriarca´, el `Padrino´ dejaba a la prole en la ciudad de
la niebla para seguir el camino que llevaba buscando desde hacía casi tres años.
Sin casi tiempo de reacción y bajo la estricta orden de no organizar despedidas
pomposas decidí hacer mi propio homenaje con una entrada en mi blog (dicho sea
de paso que los únicos lectores incondicionales que tengo son Ricky y mi
madre). Desde que tomé la decisión de escribir unas palabras hasta el día de
hoy han pasado, al menos, tres meses, pero lo cierto es que he evitado hacerlo
a toda costa porque aunque no lo parezca soy muy sentida y algo me decía que
todo lo que suponía la ´Family London´ se estaba desmoronando sin poder ponerle
parches. Hoy sigo pensando lo mismo, pero quizás estoy asimilando que no es
nada malo porque todos los que, poquito a poco, se vuelven lo hacen para
perseguir un sueño o simplemente para aceptar condiciones mucho mejores que les
van abriendo el camino que quieren seguir.
En teoría suena muy idílico (probablemente
lo sea, sólo depende del prisma desde el que se mire), pero creo que no va a
ser el mejor invierno de mi vida… Hace un tiempo vi una serie ambientada en un
hospital infantil en el que seis niños con diferentes enfermedades
creaban un grupo de amigos que coloreaba cada uno de los días de ingreso que
todos ellos pasaban en aquel lugar. Decían que todo grupo tiene que
tener un líder y un segundo líder (para cuando falte el líder), un listo, un
guapo, un imprescindible y una chica. En cuestión de segundos mi mente hizo un
símil con mi primer año en Londres y me puse a pensar en los roles. Creía tener
bastante claro que Ricky siempre había jugado el papel de líder por el simple
hecho de convocarnos y organizar jaranas prácticamente todas las semanas, pero ahora
mismo me doy cuenta de que había estado equivocada, y Ricky, no era el líder, era
el IMPRESCINDIBLE.
Tan solo me hicieron falta dos
semanas desde que el susodicho en cuestión cambiara a la Reina Madre por la
Virgen del Pilar para darme cuenta que todo había cambiado en menos días que los
centímetros que dan altura a la Virgen mañica. Volvimos a quedar, eso que
nosotros llamamos `inside´, pero faltaba ruido, ese ruido que proporciona
ambiente, en definitiva, ese ruido que nos gusta cuando estamos juntos y que no
suena desordenado, todo lo contrario,
suena a música y sabe a sonrisa. Sé que no soy la única que piensa de esta
manera porque en la primera reunión DR (Después de Ricky) la guitarra de Daniel
(otro grande) dejó de sonar.
Ahora bien, dicen que no hay dos
sin tres, y por supuesto llegó el tercero (la tercera para ser exactos):
Carlota. Qué voy a decir de ella… es dulce, muy dulce. No entendería a Carlota
sin Ricky (y probablemente tampoco la hubiera conocido), pero es de las
sorpresas más grandes que me he encontrado por estos lares. También fue una
sorpresa la noticia de que Carlota se iba antes de lo esperado, y para ser
sinceros no fue la que más me sorprendió, pero si es una de las ausencias que,
de forma discreta, más se nota. Como ya he dicho (o al menos desde mi
percepción), Carlota es discreta y no porque no impacte a primera vista, sobre todo
desde la perspectiva masculina, sino porque transmite inocencia. Con esto
no quiero decir que no tenga picardía (que la tiene), pero de forma más sutil
que el resto. A veces no te paras a pensar en algunas ausencias, pero cuando
faltan te llevas las manos a la cabeza y precisamente ese sería este caso. En el
fondo me siento un poco mal por no poder expresar con tanta exactitud lo que
supone su marcha, pero estaría faltando a la verdad si me proclamara conocedora
de ella 100%, también sería injusto porque ese puesto tiene dueño y es Carla
(de la que tengo que decir que me deja muy tranquila porque, hasta el momento,
es la que más signos muestra de ser la última en abandonar el barco).
Hasta ahora hemos cumplido
religiosamente el cupo que manda el refrán, pero “la vida te da sorpresas,
sorpresas te da la vida”.
“Hippie me ha llegado la hora”;
así empieza el cuarto y espero que último capítulo (por el momento) de lo que
éramos y ya no somos. 9 de Julio a las 10:56am. Así, como es More, correcto; de
buena mañana, tal y como se deben dar las noticias importantes. Tengo que
reconocer que no quise hacer caso a este mensaje en clave del cual conocía a
la perfección su significado. Demasiado en muy poco tiempo.
Alguien (con experiencias en
supervivencia en Londres) me dijo que cuando el tercer año se aproximaba todo
cambiaba y te venía una crisis existencial digna de estudiar porque tu entorno cambiaba por las idas y venidas de la gente. Yo, en mi burbuja
de principiante, la escuche pero no interioricé el mensaje. El tiempo le dio la
razón. Exactamente a las 11:15am mi respuesta llegó: “No sé si estoy preparada
para escuchar esto”…
Último varapalo, y qué decir de éste…
Que se fue la coherencia y la tranquilidad, esa que se transformaba en jarana
debajo de un gorro de paja. Con la ausencia de More se abrió la veda de las
ausencias irreparables, se abrió la puerta a la nostalgia (de nuevo) y se cerró
el capítulo de las noches sin rastro de día con los niños, `mis niños´. Mañana
dejó de ser un sueño para convertirse en la realidad que había buscado tanto
tiempo y al mismo tiempo (y de forma egoísta) me di cuenta (que no asimilado)
que esta etapa se había acabado.
Probablemente todo lo que he
escrito suene catastrofista, pero para todos aquellos que por cuestiones de
vivencias y distancia no compartís mi prisma, sólo deciros que desde aquí todo
se vive de una forma más intensa si cabe. Que los amigos cruzan el límite entre
lo filial y la amistad y que el hecho de que uno de ellos se marche supone un
adiós, un adiós que sabes que nunca más volverá a ser el “Hasta luego” de los Domingos
y que jamás irá cargado del “Qué pasa?” de los Viernes.
A los que os habéis ido deciros
que “Todo vuelve si fue cierto” (como decía Amaparo de Amparanoia con Che Sudaka) y que GRACIAS.
Y a los que quedáis que GRACIAS
también, y que en mi teclado no hay un punto final.
¡Nos vemos en los bares!
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